



Francia ha emprendido una ambiciosa transformación en su política turística bajo la dirección de Adam Oubuih, con el objetivo de consolidarse como el destino sostenible número uno a nivel mundial. Esta renovada estrategia se apoya en tres pilares fundamentales: la atracción de 100 millones de visitantes internacionales, la generación de 100.000 millones de euros en ingresos y la búsqueda de un equilibrio entre el crecimiento turístico y el bienestar de sus ciudadanos. La reapertura de Notre Dame ha impulsado el atractivo cultural, mientras que la gestión de la distribución de visitantes y la promoción de la sostenibilidad son cruciales para el éxito a largo plazo.
La gestión de los flujos turísticos y la diversificación de los mercados emisores son aspectos clave de esta renovada visión. La colaboración internacional, especialmente con países como España, se considera esencial para abordar los desafíos del sector. A pesar de algunos incidentes como el robo en el Museo del Louvre, la respuesta rápida de las autoridades y el éxito de eventos como los Juegos Olímpicos refuerzan la imagen de Francia como un destino seguro y vibrante, preparado para afrontar los retos del turismo moderno y la sostenibilidad.
Bajo la nueva dirección de Adam Oubuih al frente de Atout France, el país galo se embarca en una redefinición de su política turística, con metas claras y ambiciosas. El foco principal es consolidar a Francia como el destino líder en sostenibilidad a nivel global, un reto que se aborda con una visión integral que busca armonizar el crecimiento turístico con la preservación del entorno y el bienestar de la población local. Esta iniciativa estratégica también persigue un aumento significativo en el número de visitantes y en los ingresos generados por el sector, sentando las bases para un futuro próspero y responsable.
La estrategia se articula en torno a objetivos cuantificables para los próximos cinco años: atraer 100 millones de turistas internacionales y alcanzar los 100.000 millones de euros en ingresos. Un aspecto fundamental es el aumento del 7.4% en la llegada de turistas españoles, lo que subraya la importancia de los mercados vecinos. Además, la gestión eficiente de los flujos de visitantes se vuelve crucial para evitar la saturación en destinos populares y fomentar una mayor aceptación del turismo por parte de los residentes. La promoción de la diversidad territorial y la descentralización de las visitas son elementos clave para asegurar que los beneficios del turismo se distribuyan equitativamente por todo el país, reforzando así su compromiso con un modelo turístico más equitativo y respetuoso con el medio ambiente.
El compromiso con la sostenibilidad es el eje central de la nueva visión turística de Francia. Reconociendo la importancia de equilibrar el desarrollo económico con la conservación de los recursos naturales y culturales, la estrategia busca no solo atraer a más visitantes, sino también garantizar que su experiencia sea enriquecedora y que el impacto en las comunidades locales sea positivo. Esto implica una gestión cuidadosa de los destinos, promoviendo alternativas a los lugares más concurridos y fomentando prácticas turísticas responsables. La diversificación de la oferta y la promoción de regiones menos exploradas son fundamentales para lograr este equilibrio y asegurar la viabilidad del sector a largo plazo.
Además de la sostenibilidad, la diversificación de los mercados emisores es una prioridad estratégica. Si bien Europa sigue siendo una fuente principal de turistas, Francia está enfocada en fortalecer lazos con mercados de larga distancia como Estados Unidos, Canadá, India y los países del Golfo Pérsico. La adaptación a los desafíos geopolíticos y la promoción de la conectividad aérea son vitales para atraer a estos segmentos. La reciente reapertura de Notre Dame ha demostrado el poder del patrimonio cultural para atraer a grandes multitudes, mientras que la rápida respuesta ante el robo en el Museo del Louvre reforzó la imagen de seguridad y eficiencia. Estos elementos, combinados con el éxito de los Juegos Olímpicos, consolidan la reputación de Francia como un destino dinámico y resiliente, capaz de ofrecer experiencias únicas a la vez que impulsa un modelo turístico más sostenible e inclusiv